Se nos acaban los hombres con justicia y conciencia social


Tenía la mirada penetrante con la sencillez y fortaleza campesina. Su presencia se hacía sentir como la persona más humilde de la tierra. Cuando conversaba relataba sus visitas a las comunidades pobres a lomo de mula o de las grandes caminatas por las montañas predicando el mensaje del Jesús de los pobres.


Nunca me contó que sabía hablar inglés y alemán ni de sus viajes por Europa. Me hablaba con el lenguaje campesino, de sus grandes sueños de esperanza por cambiar la justicia. Al igual que su madre; era guitarrista talentoso. Las cuerdas de su espíritu generoso vibraron siempre junto al pueblo.

Nació en Márcala, La Paz el 18 de Marzo de 1910. Su rostro y fortaleza era un testimonio que por su cuerpo circulaba la sangre indígena lenca. Su madre decía cuando él era pequeño: “Mi niño va a llegar a ser cura; no obstante, se espino varias veces en el camino de la libertad y la justicia por los pobres.


Conocí aquel sacerdote de espíritu campesino, cuando yo era estudiante del cuarto año de carrera de medicina y trabajaba como asistente de aquellos dos admirables galenos, maestros y amigos de la vida y la humanidad: Napoleón Bográn y Manuel Sosa en la Casa de Salud del Carmen, Tegucigalpa.


Reflexionando sobre el paso de la historia y después de la muerte del sacerdote, el 20 de abril de 1988 me hacía las siguientes preguntas: ¿Por qué impactó tanto aquel sabio cura, cuya práctica me invitaba a seguir la opción por los pobres? Quizás porque nací y me desarrollé en aquellos barrios pobres de San Pedro Sula ó ¿Por qué también antes de ser médico quería ser cura y porque soñaba con seguir el camino de Jesús y de San Francisco de Asís?

La verdad es que es difícil ser un auténtico cristiano e identificarse con la lucha de los pobres. Ser Médico también es ser un sacerdocio y todavía estoy aprendiendo a cumplir la misión de servir a los más necesitados. Sin embargo, cuando era estudiante conversaba con el “Obispo Más Humilde de Centroamérica”, como lo llamó Juan Pablo II.


Él era siempre una fuente de inspiración a tal grado que me dije: “algún día cuando yo sea médico visitaré a los pobres e iré a las comunidades y podré servir como este cura de mirada penetrante y maestro del sabio silencio”.


Nuestro héroe espiritual se llamaba Monseñor Evelio Domínguez Recinos, fue párroco de la Iglesia Candelaria (Santo Rosario) de Sabanagrande por más de cincuenta años. Nunca abandonó este pueblo ni tampoco su casita donde dormía en una cama de cabuya… llegó a ser Obispo Auxiliar de Tegucigalpa. Él y el arzobispo José de la Cruz Turcios y Barahona iluminaron con la humildad que los caracterizaba el camino de la justicia de los indígenas y campesinos de Honduras.

Fue una alegría para mí conocer la biografía del sacerdote escrita por su sobrina Ingeniero Zoila Estela Domínguez. Pasaron los años y todavía sigo recordando al Monseñor campesino, fundador de Radio católica, Caritas de Honduras y de las Escuelas Radiofónicas (Hoy IHER); programas que hoy aún siguen contribuyendo sustancialmente a la educación y el servicio de los más necesitados.


Fue precursor de la misión campesina de la Iglesia y apoyo decididamente el trabajo hermoso por la justicia de los Celebradores de la Palabra de Dios.


No sé por qué en estos días de profunda crisis social y violencia he estado pensando mucho en Monseñor Evelio Domínguez. La reflexión me indica que la causa es el proceso acelerado de privatización que está sufriendo la economía, la educación y la salud de Honduras.

El venerable Obispo campesino ejerció un verdadero apostolado a la educación, sin estigmatizar a los maestros. Supo entender la necesidad, y el respeto por la vida, por una educación laica y no fundamentalista.


Los altos funcionarios de la educación en Honduras en vez de invocar al Dios del Globalismo incluyente e imperial deberían de aprender de las enseñanzas de Monseñor Domínguez, quien abrazo al Jesús de los Pobres y no al de los poderosos para contribuir a desarrollar una conciencia crítica y un espíritu de libertad y justicia con respecto a la sumisión, a los intereses económicos y políticos que tanto nos han oprimido a través de la historia.


En el año 2005, entre nuestros tantos trabajos periodísticos desarrollados, recopilamos con la colaboración de la Profesora Olga Alvarado este documento escrito por el Ex - Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) Doctor Juan Almendárez Bonilla, hoy a 14 años de su publicación en nuestra Revista “Tejados”, concluimos, que nos estamos quedando sin hombres y mujeres precursores de la Justicia, la humildad y la conciencia crítica como aspectos fundamentales para el desarrollo humano.











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