Quizá su muerte!... fue un gran encuentro con Dios


Hoy es un día triste para Sabanagrande. Familiares, pobladores, hermanos de su congregación y amigos de Miguel Cruz Espinoza, originario de la aldea El Vino, caserío La Cuz Alta, lamentan su deceso tras morir a los pocos minutos de ser rescatado de un alúd de tierra que soterró su cuerpo durante hacía labores en una construcción ubicada en la colonia Monseñor Evelio Dominguez.


Era la mañana de este jueves soleado y tranquilo. El murnullo de las jergas de cuatro personas que entre risas y pláticas de jornales, avisoraban un arduo día de trabajo que luego se convirtió en tragedia.


En segundos, sorpresivamente un alud de tierra se desprendió de un peredón soterrrando los cuerpos de los constructores.

Ante la situación, cuenta la gente, que un menor con necesidades especiales pasaba por el lugar y vio el percance.


El niño corrió desesperado y avisó a sus padres en busca de auxilio, en minutos, los vecinos, con las uñas y herramientas en mano, iniciaron la labor de rescate para lograr liberar a las personas.


Desesperados y tras una media hora, los aplausos de sus paisanos, que se acercaron al sitio, le dieron la bienvenida a otro de los muchachos que confundido respiraba y daba Gracia a Dios por salir del percanse.


Allí en la escena, sólo quedó Miguel, yacía desvanecido y atrapado la mayor parte de su cuerpo que poco a poco fue descubierto por los trabajos de auxlio de manos de ciudadanos.


Allá, al fondo se escuchaba gritos de angustia de los moradores: dónde esta la ambulancia?, llamen a los bomberos?, quiténse de allí?..


A casi una media hora, los habitantes buscaban de todas formas liberar a Miguel...El seguidor de Cristo que en sus cultos sonaba su guitarra para alabar a Dios.

Llegaron Bomberos y miembros de la Cruz Roja, entre los gritos ensordesedores de algunos reporteros, continuó la ardua labor de rescate.


De Miguel puedo decir que entre sus pensamiento nunca reprochó su mal momento, lució siempre tranquilo, sereno, sin queja, quizá dialgoba con Dios en paz y entregaba su vida como lo hizo Cristo: con devoción, en obediencia profunda, viviendo sus últimos momentos, abrazado a su fe y resignación divina.


Miguel murió con la Gracia de Dios, como el hombre bueno que escuche decir que era, así entregado, en meditación y oración permanente.


Tras una hora y minutos él fue liberado aún con signos vitales, dejando en sus familiares y el pueblo de Sabanagrande la alegría de haber sobrevido, luz que se apagó minutos después cuando se informó de su lamentable muerte cuando era trasdado a Tegucigalpa MDC.


Que en Paz Descanse Miguel !