A 33 años de su muerte: Monseñor Domínguez, aún vive en el recuerdo de sus feligreses


En cualquier rincón del municipio de Sabanagrande Francisco Morazán, donde hemos visitado para realizar nuestro trabajo periodístico, es común escuchar hablar del gran legado que dejó durante su ejercicio sacerdotal Monseñor Evelio Dominguez fundamentado en un pastoreo de solidaridad y preocupación por los pobres.


Hoy, este ejemplo de humildad y perseverancia cumple 33 años de haber desaparecido físicamente dejando consigo un recuerdo inmenso en cada uno de los fieles.


Fue un 20 de abril de 1988 que los pobladores de su querida Sabanagrande recibieron la triste noticia de su muerte.

Un día después (21 de abril 1988), entre sollozos y lamentos de sus feligreses, el Templo de la Iglesia del Santo Rosario de Sabanagrande, Francisco Morazán, lucía repleto, el buen pastor se despedía con un ejercicio sacerdotal de 53 años al servicio religioso.


De Monseñor se cuentan tantas cosas: que fundó grandes proyectos sociales como Cáritas de Honduras, Semanario FIDES, Escuelas Radiofónicas, proyectos siciales, obras comunitarias, apoyo a la educación y otra gran cantidad de instituciones pastorales que aún se conservan en la actualidad.


Monseñor Domínguez nació en Marcala, La paz, un 28 de marzo de 1910. En los albores de su juventud cursó estudios básicos en la Escuela Elemental de Marcala bajo la dirección de los padres Paúles de la provincia alemana.

Realizó su carrera vocacional en el Seminario Mayor de Tegucigalpa, donde recibió la consagración sacerdotal de manos del excelentísimo monseñor Alberto Levame un 2 de diciembre de 1935.


Durante su vida fungió como Vicario Cooperador de la catedral con sede en Tegucigalpa, Capellán del Hospital San Felipe, Vicario de la Parroquia de Cedros F.M. y desde el 5 de mayo de 1939 es nombrado Cura Párroco de Sabanagrande.


Con perseverancia silencioso y fecundo celo empieza su gran obra de evangelización mediante la cual funda varios grupos católicos como los Celebradores de la Palabra de Dios, El Camino Neo-catecumenal, La Legión de María, Clubes de Amas de Casa, ente otros.

Emprendió el renacimiento de la juventud por medio de una pastoral social dinámica, pionero de lo que hoy es la industria de la artesanía y la alfarería en Sabanagrande, pilar fundamental para motivar el auge del mercado de las rosquillas, cerámica, floristería, corte y confección entre otras artes y vocaciones.


Además promueve programas de agua potable, alfabetización, construcción de escuelas, lactarios, Ermitas, vías de comunicación, todas fundamentadas en la justicia y amor al prójimo.


Se caracterizó por ser un sacerdote modesto, culto y prudente. El 27 de diciembre de 1957 es consagrado Obispo Titular de Acola y auxiliar de Tegucigalpa.


Sin lugar a dudas que la simpatía y el recuerdo en los 33 años de su muerte, su nombre esta vigente por sus obras sociales y espirituales que conservan un legado de fermento para muchos moradores que le conocieron y acompañaron en su ejercicio sacerdotal.